Esta sentencia compleja y difícil de leer, entender y comentar; es una de las más contundentes expresiones de la historia de la filosofía del siglo XX de uno de los filósofos más singulares que se tenga noticia. De hecho los dos conceptos que leemos son bastante complejos y tienen una larga historia que nos invitan de manera provocativa a pensarlas.
La ética ha sido, es y será una faceta de la vida que nos cuestiona sobre el ser de las cosas y sobre nuestro propio ser como seres vivos trascendentes. La ética es el escenario del ser humano desde el nacimiento hasta la muerte que le hace ser como es y hacia lo que tiende siempre, la ética es la guía fundamental del ser humano para las acciones claves de su existencia.
Toda la historia de la humanidad está recorrida por preguntas sobre la ética y sobre las decisiones humanas acertadas y erradas, en cada momento de la historia. El éthos humano y todo lo que sucede en su entorno está bajo la mirada de todos los historiadores de todos los tiempos. Y siempre ha habido una pregunta que hemos dejado por responder: ¿Cómo vivir, para vivir bien? o ¿Cómo se ha de vivir?
Esta pregunta es un tema que compete tanto a la Ética como a la Estética. ¿Cómo hemos de vivir, para que nuestra vida responda al sentido de lo que somos? Y surge una pregunta que también compete a la Ética y a la Estética. ¿Qué somos, los seres humanos? Y surge otra pregunta que también tiene relación directa con las Ética y Estética. ¿Qué somos los seres humanos en la escala de los seres vivos?
A partir de estos interrogantes claves para pensar el destino de los seres humanos en los horizontes ético y estético. Podemos abrir un diálogo reflexivo y permanente sobre lo que nos pasa día a día en el acontecer humano, tanto el más inmediato como el más remoto. Ya que en estos dos horizontes nos movemos constantemente y a ellos estamos ineludiblemente unidos por siempre. Es decir, somos animales éticos y estéticos. Somos el animal con logos por excelencia y por ello precisamente podemos reflexionar y ser singularmente distintos conscientemente.
Quizá la dignidad del ser humano se encuentra en esta línea de horizonte clave: "Vivimos ineludiblemente entre la Ética y la Estética" o como paradiando lo que dijera en la antiguedad el filósofo Parménides: "Somos y pensamos en una misma situación al mismo tiempo"
Toda la historia de la humanidad está recorrida por dualidades que encierran o unifican la condición singular del ser humano en su horizonte ético y estético al mismo tiempo. Quizá ese destino poético y ontólogico al que estamos fundidos inevitablemente sólo cobra sentido de libertad cuando en el amor le damos posibilidad de expresarse. Como dice el poeta brasilero Thiago de Mello en su poema "los estautos del hombre... El hombre es un animal que ama, y por eso es bello, mucho más bello, que la estrella de la mañana".
De ahí que podamos repetir como Wittgenstein que "Ética y Estética son la misma cosa".
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